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por Bill Mollison *
Siempre he dicho que yo no debía haber sido el inventor de la permacultura.
No soy la persona adecuada para ello ya que se me podría describir
fácilmente como un viejo cascarrabias. Se hubiera necesitado a
alguien más transigente, menos purista, a la hora de inventar la
permacultura y así esta disciplina hubiera sido adoptada sin dificultad
por el pensamiento imperante.
Probablemente soy la persona menos adecuada para explicar en qué
consiste la permacultura, por la sencilla razón de que he vivido
con ella durante veinticinco años y cuanto más se conoce
un tema menos fácil resulta de explicar. Alguna gente lo explica
de una forma muy sencilla: un intento de recrear el Jardín del
Edén. A su vez, un científico lo explica como la creación
de un marco dentro del cual tendrían cabida todas las formas del
conocimiento humano en la relación correcta.
Yo prefiero una tercera explicación:
es esencialmente un sistema abierto, porque acepta información
de cualquier fuente ya sea científica o tradicional, y no tiene
por lo tanto ninguna forma didáctica o fija de hacer las cosas.
La gente a veces dice que va a crear una permacultura como un ejemplo
típico de permacultura y yo digo que difícilmente puede
ser típica de sí misma. No hay una sola forma de hacer algo
correctamente. En cada sitio será diferente. Si intentas crear
un sello y lo imprimes una y otra vez, siempre estará fuera de
lugar. Hemos practicado la agricultura, sobre todo el cultivo de cereales,
durante cinco mil o siete mil años. Mucho antes de eso, los nativos
de Nueva Guinea y los aborígenes de Australia estaban cultivando
ya la tierra para cosechas y criaderos. El gran cambio de la agricultura
sobrevino justo después de la Segunda Guerra Mundial y sucedió
porque muchas industrias que manufacturaban vehículos, gases nerviosos
o explosivos, se quedaron con gran cantidad de excedentes. Y ¿qué
se puede hacer con ellos?.
Puedes inventarte una guerra
con un país pequeño y lanzar todas tus bombas, que es lo
que pasó en Vietnam y en Kuwait. O puedes empezar a fabricar venenos
que puedan usarse en la tierra, que es lo que sucedió con la industria
del gas nervioso, que traslada simplemente su punto de mira a la agricultura.
Asimismo la agricultura permitió reciclar la maquinaria de guerra
con los vehículos de tracción y el empleo de fertilizantes,
especialmente de fertilizantes de nitrógeno, ocupando a un gran
número de industrias que con anterioridad fabricaban explosivos.
Por todo ello, podemos decir que la industria moderna está en pie
de guerra con la naturaleza.
A finales de los años
sesenta y principios de los setenta varias cosas estaban sucediendo a
la vez. Se había efectuado por primera vez un censo de la población
y de los recursos del mundo. Y el Club de Roma había publicado
un informe que mostraba el inevitable estrechamiento entre las necesidades
de la población y la capacidad del medio ambiente para satisfacer
esas necesidades. Un ejemplo moderno de esto lo hallamos en China. China
ha tenido este año un superávit comercial de 64 billones
de dólares con Estados Unidos, así que China atraviesa una
era industrial de inmensas proporciones, y su Presidente prometió
al pueblo chino que podrían comer dos huevos a la semana, lo que
supone un huevo adicional a la semana con respecto a lo que comen ahora.
Una noción muy simple de matemáticas nos indica que el darle
al pueblo chino un huevo más a la semana acapararía toda
la producción mundial de cereales.
Lo que verdaderamente ha cambiado
es el hecho de que China pueda comprar esos cereales. De manera que en
el futuro habrá muy distintas clases de gente pasando hambre.
La gente con dinero podrá comprar la producción mundial
de cereales o acciones de esa producción mundial ya que alrededor
de la misma época, Kissinger y otros cerebros pensantes de América
sacaron la comida al mercado de valores, a la bolsa, de forma que era
posible comprar acciones de comida, se podían comprar alimentos
antes de empezar a cultivarlos. La primera vez que hizo esto, le explotó
en las manos, ya que dos libaneses compraron todo el cultivo mundial de
soja y se hicieron millonarios. La intención de Kissinger era el
que los Estados Unidos compraran las acciones de todos los alimentos mundiales
y de esta manera controlaran el planeta. Como él mismo decía:
"Podéis elegir a quienes queráis, la gente que os controla
es la gente que controla los alimentos que coméis". Y a esto
lo llamaba el "potencial Zap".
América, después
de esa estrategia, ha seguido patentando comida de forma que todos los
cultivos mundiales más importantes son patentes americanas de dos
o tres compañías agroquímicas. Una planta como la
soja, que es un cultivo esencialmente industrial, está patentada
al cien por cien por firmas americanas. Y la mayoría de los cereales
están patentados en un sesenta o setenta por ciento, de manera
que hay que pedir permiso a los dueños de la patente para cultivarlos.
Y esto ha sucedido sin grandes protestas por parte de la población
mundial entre otras cosas porque pienso que la mayoría de la población
lo ignora.
Al mismo tiempo, a finales
de los sesenta, habíamos desarrollado ya varios conceptos en ecología
que hacían referencia a lo estable y a lo sostenible. Mucha gente
utiliza la palabra sostenible. Quizás la usen varios miles de personas
pero sería una suerte si entre ellas encontrásemos a tres
que supieran definir esa palabra. Yo os la definiré, para que no
quedéis tan mal como la mayoría de la gente que la utiliza.
Un sistema sostenible es aquel, y estoy siendo muy cauto aquí,
que puede producir o conservar energía suficiente a lo largo de
su existencia para generarse y mantenerse. No hay otra definición
de sostenible y por lo tanto no podemos escaparnos de ella, ya que se
basa en la ley de la termodinámica y es imposible escapar a lo
que sucede en la tierra, a las leyes inmutables de la naturaleza.
Así que, a finales de
los sesenta, poseíamos ya una importante recopilación de
datos dentro de la disciplina de la Ecología, una gran cantidad
de información sobre la forma en que funcionaban los sistemas y
sobre cómo deberían funcionar. Asimismo, y muy poca gente
se da cuenta de esto, fue entonces cuando empezamos a conocer la cantidad
de plantas beneficiosas que existían en el mundo. Muchos pueblerinos
o isleños pensaban que sólo existían diez o veinte
plantas beneficiosas; a su vez un granjero asiático podía
creer que sólo había treinta o cuarenta plantas beneficiosas
y algunos jardineros aislados de Filipinas cultivaban hasta sesenta u
ochenta distintos tipos de plantas.
Sabemos en la actualidad que
existen cerca de treinta mil plantas beneficiosas. Mucha gente ha dedicado
su vida a reunir esta clase de información y entre ellos se halla
el profesor Tanaka de la Universidad de Tokio que ha publicado tanto en
inglés como en japonés diversos tratados sobre las plantas
beneficiosas existentes en el mundo; sólo hay unos seis libros
de este tipo, pero hasta principios de los años setenta no teníamos
ni idea del número de plantas útiles que había. Ya
por entonces el fracaso de la agricultura moderna empezaba a ser evidente;
nunca hasta ese momento se habían visto extensiones tan grandes
de tierra erosionada y nunca hasta ese momento habíamos reparado
en las enormes manchas de sal que aparecían en la agricultura.
Sin ir más lejos hoy, en pleno corazón de Tokio, estaba
visitando un pequeño jardín y su dueño me preguntó:
""Qué es este polvo blanco que hay en la tierra?"
y yo respondí: "Es la salinización del suelo".
La sal puede afectaros en Japón de muy distintas formas. La mayoría
de la soja que consumís es de importación, cerca de un sesenta
por ciento, y proviene de China o de los Estados Unidos.
Los Estados Unidos aceptan
un contrato para proveeros de soja, para cultivarla, pero la cultivan
en Méjico, en la periferia de la ciudad de Obregón al oeste
de Méjico. Allí crece la soja en suelos irrigados y con
un alto contenido de humus. En lo que se refiere al continente americano,
el cultivo de soja ha destruido más bosques, que todos los demás
usos de los bosques juntos. Y como la soja se cultiva con riego, para
asegurar la cosecha, y como es pasto de una gran variedad de plagas, se
la fumiga cada tres días con pesticidas, uno distinto en cada ocasión
para que los insectos no se acostumbren al antiguo. Los científicos
están muy orgullosos de esto, y te explican ufanos cómo
se las arreglan para preservar el cultivo de soja de los parásitos
fumigándolo constantemente con distintos venenos: treinta y seis
clases distintas de estos venenos se utilizan en una sola cosecha. Por
otro lado la soja es una planta sedienta de agua que tradicionalmente
se siembra en las franjas de los arrozales donde puede obtenerse fácilmente.
Pero cuando se cultiva en Méjico es necesario regarla.
Y el irrigar cualquier desierto
es nefasto porque el proceso de evaporación puede evaporar hasta
seis metros de agua de la superficie de cualquier desierto del mundo y
la lluvia sólo produce cien o doscientos milílitros. De
forma que para cultivar soja hay que regarla pero cuando la riegas la
evaporación absorbe todo el agua y deja todas las sales disueltas
que contiene y en muy poco tiempo, unos seis años, la superficie
del suelo se convierte en sal, sal cristalizada, pero como asimismo, a
causa del riego, las aguas profundas, que ya de por sí son muy
salinas, también han ascendido hasta las raíces de la planta,
cuando estos dos efectos, la sal de la evaporación de la superficie
y la sal que asciende de las aguas profundas, se juntan, te encuentras
con lo que ocurre en la periferia de Obregón: cientos de kilómetros
cuadrados de tierra de sal solidificada de sesenta metros de profundidad.
Algo absolutamente irrecuperable. Tendrán que pasar muchos miles
de años antes de que podamos pensar en cultivar nada allí.
Sesenta metros de sal es una base espeluznante para empezar a cultivar
alimentos...
Pero nuestro interés
no debe ser sólo nacional. Sabemos que el medio ambiente en Japón
es bastante catastrófico pero ¿cuántos desastres
medio ambientales más son generados por los apetitos de Japón?
Desde luego, si pudierais ver cómo se cultiva vuestra soja en Méjico,
os quedaríais espantados, además hay otra cuestión,
y es que no va a poder cultivarse allí durante mucho tiempo y lo
que es más: no va a poder cultivarse allí en absoluto porque
la tierra está tan totalmente destruida que no vamos a poder sacar
ya nada de allí. Y a esto se le llama agricultura moderna: a la
utilización de súper plantas con súper fertilizantes,
sometidas a una súper irrigación y súper fumigación,
y cuyo resultado es la destrucción absoluta de todo el entorno.
Y la mayoría de las
agencias internacionales participan en ello Lo llaman "la revolución
verde". En cambio los granjeros lo llaman "destrucción
total". Allá por donde ha pasado la revolución verde
no encontrareis ningún granjero que hable bien de ella o que quiera
aplicarla. Una de las características que más llama la atención
de la revolución verde es que tiene que cambiar constantemente
de lugar. Ya no se puede jugar más a las revoluciones verdes en
la India ni tampoco en Sudamérica, así que ahora debe trasladarse
a África porque allí no saben lo destructiva que es. Si
hay algo que identifica a una empresa destructiva es ese cambio constante
de objetivo, dejando atrás tierras baldías, ese estar siempre
a la búsqueda de nuevos horizontes donde la gente no sepa que van
a destruir de nuevo la tierra. Con el cultivo del algodón sucede
lo mismo: la cosecha de algodón destruye los Estados Unidos desde
la ciudad de Phoenix en Arizona hasta más allá del sur de
la frontera mejicana, toda esa región es pura sal, se puede andar
sobre ella. En consecuencia, Estados Unidos trasladó su producción
de algodón a Australia y ahora está salinizando sus sistemas
fluviales.
Y cuando acabe con Australia,
necesitar mover este cultivo a Méjico o a África pero naturalmente
no mandan un mensaje antes para informar a los lugares os que van a destruir
sus países. Afortunadamente aquí estamos nosotros para hacerlo,
nos adelantamos a ellos y le decimos a la gente: la destrucción
avanza hacia vosotros, rechazadla. Por lo tanto, en la década de
los sesenta ya conocíamos el problema de la superpoblación
y de la agricultura moderna, y en cierta medida también el de la
industria moderna, poseíamos asimismo el concepto de ecología
y sabíamos que existían treinta mil plantas comestibles
que podíamos utilizar para crear sistemas complejos. Y empezamos
a crearlos.
En 1972 conseguimos nuestro
primer sistema experimental utilizando tres mil o cuatro mil plantas comestibles.
El problema de tener un alimento básico, es decir, uno que cubre
la mitad de la dieta, es que se depende en exceso de ese alimento. Y hay
un riesgo muy grande en el caso de que algo falle en la producción
de ese alimento. Por lo tanto es absurdo adoptar en una dieta un alimento
básico cuando se podrían tener cuatro u ocho o cincuenta
alimentos distintos que cubrieran la mitad de la dieta prescindiendo del
alimento básico único. A finales de los sesenta y principios
de los setenta era posible imaginar que se podía crear una ecología
compleja para cubrir las necesidades de la raza humana. Y era asimismo
la primera vez en la historia de la humanidad en que podíamos imaginar
eso como un sistema. Y como todavía no poseíamos toda la
información que he expuesto con anterioridad, fue quizás
algo estrambótico el que una persona como yo que vivía en
una isla del sur de Australia propusiera esto en Permacultura 1 y lo completara
con ejemplos prácticos en Permacultura 2.
Siempre he dicho que yo no
debía haber sido el inventor de la permacultura. No soy la persona
adecuada para ello ya que se me podría describir fácilmente
como un viejo cascarrabias. Se hubiera necesitado a alguien más
transigente, menos purista, a la hora de inventar la permacultura y así
esta disciplina hubiera sido adoptada sin dificultad por el pensamiento
imperante. Ha sido realmente una mala suerte el que yo la inventara porque
soy absolutamente incapaz de hacer concesiones, siempre digo la verdad.
La permacultura se ha propagado
por todo el mundo con la excepción, creo, de dos países
y en todas partes es autóctona, con profesores locales que enseñan
en su propia lengua. Y su crecimiento es geométrico: empezó
en el año 1979 como un curso único que yo mismo enseñaba.
Para el año 1980 ya había tres profesores y en el noventa
varios cientos de ellos. En la actualidad hay varios miles, cuatro o cinco
mil en inglés y otros tantos en otros idiomas. Y se extiende porque
no posee un sistema jerárquico. No tiene una cúspide directiva
y no hay ninguna persona por encima de otra. Se compone de pequeñas
entidades independientes que se rigen por sí mismas sin necesidad
de personal directivo. Quizás os parezca un disparate pero no tiene
personal administrativo a sueldo ni plantilla. Asimismo no acepta ayudas
del gobierno ni de la industria y por lo tanto es libre de hacer lo que
le parece correcto en cada momento. Al no aceptar ayuda no acepta líneas
directrices. y al no aceptar ayuda demuestra no sólo que la permacultura
es autosuficiente sino que puede enseñar cómo lograr esta
autosuficiencia a quien la conoce.
Para poder rechazar el dinero
de otros tenemos que ser capaces de ganar el dinero necesario para hacer
lo que queremos, y esto se consigue montando pequeños negocios
e industrias para poder así financiar el sistema. Además
hay dos razones por las que la gente que enseña autosuficiencia
no debe aceptar dinero: la primera es que ello les impide ganarlo y por
lo tanto carecen de modelos a la hora de querer ganar dinero, y la segunda
es que ya bastante difícil es de por sí para un individuo
gastarse el dinero que gana como para que venga alguien y se lo dé,
probablemente se mataría intentando gastarlo. He dado la vuelta
al mundo cientos de veces para enseñar y esto lo pagaba con mi
propio dinero pero si alguien me diera un millón de dólares
creo que me moriría de agotamiento intentando dar la vuelta al
mundo miles de veces...
Les diré cual es el
secreto de la permacultura, por qué se ha propagado así,
por qué tiene tanto éxito, por qué desarrolla tanta
actividad en todas partes. La primera razón de todas es que no
somos expertos. Nos limitamos a ir a los países y decir: "aquí
estamos, no venimos de parte del gobierno ni de la industria, estamos
aquí para ayudaros si podemos, por favor ayudarnos a ver si os
podemos ayudar". Y la mayoría de la gente reacciona muy positivamente
ante esto. Luego, impartimos un curso de setenta y dos horas de duración
y decimos: "vale, aquí tenéis vuestro certificado explicando
que habéis disfrutado de setenta y dos horas de nuestra docencia
y cualquiera que disfrute con ello merece un certificado, adiós,
lo más probable es que nunca regresemos, si deseáis organizar
otro curso tendréis que impartirlo vosotros". De esta manera,
los mejores alumnos se reúnen entre ellos y dicen: "vamos
a recopilar lo que hemos aprendido, vamos a adquirir un par de libros
para ver si abarcamos todo el tema", y a continuación empiezan
a enseñarlo ellos mismos, de forma que ahora esté en su
idioma, dentro de su cultura y enseñado por ellos y en consecuencia
la necesidad nuestra de regresar es nula. Contrastad esto con el sistema
de expertos: llegan, hacen algo por alguien y se van. Y nadie sabe nada
de cómo completar ese sistema o mantenerlo en buen funcionamiento,
ni desde luego de cómo ponerlo en marcha. Pero si quieres asegurarte
para siempre un sueldo alto y una posición de prestigio te conviertes
en un experto. Si, por el contrario, no piensas que eres importante les
enseñas a los demás cómo hacer lo que haces y no
vuelves nunca.
Una de las cosas terribles
de la permacultura es que va a dejar fuera de juego a cualquier otro sistema
ya que no paga sueldos y puede ser tan grande como desee al no costarle
nada a nadie; no es un sistema caro como por ejemplo la OMS que cuesta
millones de dólares, y no por la actividad que desarrolla sino
simplemente porque mantiene un enorme cuerpo administrativo. Y creo que
hay muchos sistemas como ese, sistemas administrativos urbanos sin una
labor de campo permanente. Muchos departamentos de agricultura siguen
este modelo. Estuvimos recientemente en Tejas y visité el departamento
de agricultura que ocupa un rascacielos negro de once pisos. Tenía
muchos departamentos, departamento de fotografía, departamento
de diseño...y yo les pregunté que cuanta gente había
trabajando sobre el terreno. Nadie lo sabía. Luego, fueron a preguntarlo
y me respondieron: "oh, doce" (y hay ciento ochenta en el edificio).
Así que me fui a visitar a algunos de los que trabajaban en el
campo y les pregunté qué es lo que hacían. Y contestaron:
"no hacemos nada, no tenemos tiempo porque el papeleo que nos exigen
ocupa todas nuestras horas". Por lo que, de hecho, el departamento
de agricultura no tiene a nadie en el campo. Y estoy seguro de que aquí
sucede lo mismo. Es imposible dar con un granjero japonés que sepa
lo que es una planta insectaria o que sepan que hay insectos beneficiosos
o que conozcan formas no químicas de combatir las plagas. Y sospechamos
que nadie va nunca a ayudar a los granjeros japoneses.
La permacultura es independiente,
comprometida, activa, está en crecimiento permanente y está
en todas partes, y se está convirtiendo en un gran empresario al
emplear profesores y productores agrícolas. También se autofinancia.
Y va a conquistar el mundo. Funciona tanto en zonas urbanas como en desiertos
lejanos, desde el Ecuador hasta el Amazonas o el Ártico, llegando
hasta el extremo norte de Rusia. No hay un lugar habitado donde no funcione
la permacultura, desarrollando consigo sus propios sistemas educativos
y financieros. Y todos ellos aplicables a gente sin recursos y sin dinero
al no dar por supuesto que se posee algo de entrada.
Se dice de la gente que vive como piensa que es honesta, lo que realmente
significa que practican sus creencias. En cambio, aquellos que creen una
cosa y hacen otra no tienen ningún calificativo, pero mucho me
temo que tendríamos que definirlos como esquizofrénicos.
La forma de vivir la vida es sin compromisos de ninguna clase. Es algo
que irrita un poco a los demás, pero tú estás satisfecho
contigo mismo y eres feliz incluso si haces con ello a alguna gente un
poquito desgraciada. Gracias.-EcoPortal.net
* Conferencia de Bill Mollison en la Universidad de las Naciones Unidas,
Tokio, en octubre de 1996
www.permacultura.org
www.permaculturalatina.org.br
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